Por la mañana mi hijo y yo nos levantamos muy temprano. Antes de acudir a mi trabajo, yo tengo que dejarle en el colegio. Hace unos días, mi hijo se levantó triste, descubrió que su equipo de fútbol había perdido la noche anterior. Pero como si no le importara, él se vistió con su camiseta, y juntos, montamos en el autobús.

Ese día, subió también una mujer joven, que justo, se sentó enfrente de nosotros. Miró al niño y le preguntó:

-¿Estás triste?-, Iago la miró, pero con la cabeza agachada, le contestó un tímido no.

La joven, entonces se acercó hacia adelante y comenzó a hablarle de una forma muy amable y cariñosa:

-Te lo preguntaba, porque veo que eres del Atlético de Madrid, y anoche perdió. ¿Sabes una cosa?, que me pareció que jugó muy bien- En ese momento, Iago, levantó su mirada hacia ella, y la sonrió. Ella siguió hablándole.

-Yo soy tutora de una clase, y cuando hay fútbol, tengo a una mitad de la clase triste y a la otra mitad contenta, y yo siempre tengo que recordar tanto a los unos como a los otros, que esa situación no es tan importante. Porque hay veces que se gana y otras se pierde- Iago la miraba con atención y ella siguió hablando- pero perder un partido no significa perder el campeonato, así es que hoy, no debes prestar atención a las críticas, y sí, centrarte en el esfuerzo que ha hecho el equipo para conseguir ganar.

Ella continúo -¿Sabes?, ayer todos tuvieron que trabajar duro, y en equipo, estar pendientes, atentos y centrarse sobre todo en los méritos, más que en los errores.

Me fijé en Iago, ya en ese momento estaba sonriendo, sus ojos brillaban y dijo muy contento -¡lo importante es el esfuerzo que hicieron, y no que perdieran!

La profesora, le guiño un ojo, y le dijo, -pues claro, ese es el secreto.

Entonces, llegamos a la parada, y tanto ella como nosotros, bajamos del autobús, nos despedimos alegremente, con un -“Que tengas buen día”.

Ese día, de camino al colegio, Iago iba pensativo, y cuando llegamos a la puerta, me dijo, – Mamá, pero no entiendo algo, si jugaron bien, y se esforzaron ¿porque perdieron?

Entonces yo, me agaché y le dije, – no lo sé Iago, tendremos que pensar- besé a mi hijo y le abracé, me sentía frustrada por no saber qué contestarle.

De camino al trabajo, me di cuenta de la respuesta.

Esta claro que puedes jugar bien y esforzarte, pero habían perdido en el momento en el que empezaron a fijarse en los defectos del otro equipo, a criticarse y a dejarse llevar por los impulsos más que por la razón. Habían perdido porque no se habían centrado en sus logros, y evidentemente no estaban reforzándose los unos a los otros.

Era un claro ejemplo de la vida diaria, y sin ir más lejos de lo que nos ocurre en el ambiente escolar. Si no hacemos equipo, y nos centramos en criticar, más que en reforzarnos, podemos perder un partido. Sin embargo, si conseguimos valorar nuestro esfuerzo, y observar al otro como compañero, podremos jugar con él un partido memorable, que nos impulse y permita ser ganadores del campeonato más importante en la vida, el campeonato por la educación en equipo.

“Gracias a la profesora que logró que Iago entrará al colegio con una sonrisa, y me demostró que la educación se encuentra en todos los ámbitos de nuestra sociedad”.