Francisco Imbernón es Catedrático de Didáctica y Organización Educativa de la Universidad de Barcelona. Ha escrito numerosos libros y dirigido estudios sobre formación del profesorado y alternativas pedagógicas. El 21 de octubre participará en la I Jornada de Psicología Educativa, Neurociencias y Emoción en la Universidad de Cantabria, jornada en la que también participa Leo Farache, director de Gestionando hijos e impulsor del Pacto por la educación en equipo.

Hablamos con Francisco Imbernón de los grandes retos que tiene el sistema educativo español ante sí. 

En su opinión, ¿cuáles son los tres principales retos que tiene el sistema educativo español para mejorar?

Creo que son el modelo de profesión docente, el currículum para ver qué se ha de enseñar en el siglo XXI y cómo se organiza un centro educativo.

El coordinador del informe PISA cree que para mejorar los resultados España debe escuchar más a los docentes. ¿Está de acuerdo con esta afirmación? ¿Cómo se podría articular ese mayor diálogo con los docentes?

Todos los informes internacionales nos dicen que un buen docente, formado, hace que mejoren los resultados de los alumnos. Por eso es muy importante escuchar a los docentes, atenderlos y no maltratarlos. Y darles una buena formación. Deberían darles más autonomía en su trabajo y no normativizar tanto. Los docentes son la pieza clave del sistema educativo.

¿Qué opinión le merece el Infome PISA y los datos que arroja sobre nuestro país?

Para mí el informe PISA es un referente para reflexionar sobre algunos aspectos del Sistema Educativo pero no para evaluar el Sistema Educativo en su conjunto, ya que este informe mide lo que se puede medir con papel y lápiz y no evalúa todas las capacidades. Así no se puede evaluar la educación de las personas y menos aún hacer un ranking entre países, con grandes diferencias de todo tipo. Aun así, reconozco que cuando aparece el informe PISA y se lee en su totalidad hay interesantes aspectos (relación educación-inmigración-repetición-autonomías-género-TICs, etc.) para reflexionar y también es una buena oportunidad para hablar de educación y su mejora. Y se destaca que hemos bajado en calidad y equidad. Y si se hace una lectura detenida vemos  que nuestro sistema educativo mejora el rendimiento de los más desfavorecidos aunque es cierto que los de un mayor bienestar cultural tienen resultado más bajos. Se necesita un análisis más fino para entrever qué es lo que está pasando y no hacer lecturas sesgadas.

¿Cómo puede el sistema educativo combatir el alto desempleo juvenil?

Es una cuestión difícil ya que no depende únicamente del sistema educativo sino de muchos factores. Pero algo que podría hacer el sistema educativo es mejorar la salida de la ESO, disminuir la repetición y prestigiar una buena formación profesional.

¿A qué se debe que España tenga una tasa de repetición que triplica la media de la OCDE? ¿Cómo se puede resolver este problema?

La repetición es un problema endémico. Y se sabe que es caro y no es pedagógico. Se evitaría la repetición con más apoyo individualizado, personal especializado en los centros y un cambio en la mentalidad del profesorado y padres. Y, por supuesto, una salida hacia la formación profesional básica. Pero lo que sabemos es que la repetición no funciona como mecanismo educativo.

Usted es experto en analizar la profesión docente y la innovación educativa. ¿Qué papel pueden tener los padres a la hora de apoyar esta labor y esta innovación? ¿Cómo se podrían construir puentes entre escuela y familia?

Los padres son imprescindibles en la educación y por tanto también de su relación de la escuela donde pasan muchas horas. Hoy día tenemos una evidencia que nos dice que si los padres se implican en la educación de los hijos en la escuela, los resultados de los niños y niñas mejoran muchísimo. Y, a la inversa, los padres que se alejan de la escuela, que no colaboran y que, prácticamente, están ausentes favorecen el fracaso escolar. La escuela necesita que las familias defiendan los mismos valores que la educación escolar. Y eso es muy importante para evitar un que el contexto que envuelve al niño o la niña sea más importante que la educación.La escuela no sustituye a la familia pero es necesario que la relación sea fluida  con la escuela y permita abordar los diferentes momentos de la evolución de los hijos, de mutuo acuerdo y con mutua confianza entre familia y escuela. La función educadora se puede desarrollar mejor si avanzamos con criterios compartidos. Y la familia debe dialogar con el profesorado ya sea para saber cómo lo hacen o para colaborar. Se ha de confiar en ellos.