Cuando hablé con Eimy, me entusiasmó su propuesta, quería colaborar en nuestro Blog. Quería hacerlo además, desde la visión de una madre. Eimy comparte con nosotros en este Post, una reflexión sobre el aprendizaje en las aulas. Ella, tiene experiencia como maestra y educadora de su propia hija.

“Nuestros hijos se pasan el día estudiando, van a clase siete horas diarias y después llegan a casa, comen y tras un breve descanso, dedican toda la tarde a hacer deberes, lo que supone un gran esfuerzo tanto para ellos como para nosotros, que llegamos del trabajo y tenemos que ayudarles.

Y mi pregunta es: ¿cómo es posible que después de una media de diez horas de estudio diario algunos alumnos sigan suspendiendo los exámenes?

Parece algo inexplicable pero tal vez esto nos ayude a entenderlo. El profesor llega a clase, manda callar a sus alumnos para que le atiendan y cuando consigue tan ansiado silencio, imparte su clase mientras los alumnos hacen lo siguiente: intentan hablar entre ellos, se mandan notitas o simplemente están absortos en sus pensamientos. Le ven pero no le miran, le oyen pero no le escuchan. ¿Cómo pueden aprender con esta actitud?

La respuesta es sencilla: así no pueden aprender. Por eso nos preguntamos qué puede hacer un profesor para que sus alumnos atiendan en clase.

El profesor debe plantearse cuáles son los métodos más adecuados para que el alumno adquiera un aprendizaje significativo. La clase magistral en la que el profesor hace una exposición de una hora sobre un tema en concreto y los alumnos escuchan es lo más común, pero como vemos el método menos efectivo ya que se trata de un tipo de enseñanza unidireccional en el que la interacción entre el alumno y el profesor es mínima.

Lo que le lleva al alumno a desconectar desde el minuto uno es el aburrimiento. Eso que le está contando el profesor no le interesa y no le sirve para nada, o eso piensa él, por lo que decide dejar volar su imaginación mientras el profesor se esfuerza en dar lo mejor de sí mismo para que sus alumnos aprendan.

De cara al examen el alumno engulle conocimientos que en la mayoría de los casos olvida o no entiende pero memoriza únicamente para aprobar el examen, de esta forma lamentablemente no ha aprendido nada.

Es responsabilidad del profesor encontrar la tecla que debe tocar al alumno para que este atienda en clase, se ilusione, despierte su interés y tenga ganas de aprender. No hay una fórmula magistral pero es tan sencillo como apelar al sentido común, y no se trata de innovar sino más bien de observar qué es lo que motiva al alumno.

Ya hay profesores en nuestro país como César Bona que ha encontrado esa tecla para captar la atención de sus alumnos. Consciente de la importancia de un aprendizaje significativo ha dejado de teorizar para dar lugar a la acción y  ha conseguido que niños analfabetos se interesen por la lectura siendo protagonistas de una obra de teatro e incluso que sus alumnos impulsen una protectora de animales virtual que ha sido reconocida a nivel internacional.

El alumno aprende haciendo, experimentando, creando, investigando, compartiendo e intercambiando experiencias. El aula debe ser un lugar de encuentro entre  alumnos y profesores en el que el alumno aprende del profesor y viceversa, un lugar en el que participa de forma activa, disfruta con lo que hace y se hace a sí mismo con la ayuda del docente. El alumno no puede aprender únicamente memorizando, tiene que comprender y vivir esa realidad.

Es este tipo de educación por la que deberíamos apostar padres y profesores para que nuestros hijos y alumnos disfruten aprendiendo, se levanten cada mañana con la ilusión de aprender cada día algo nuevo y que estos conocimientos no caigan en el olvido con el paso del tiempo ya que han supuesto un aprendizaje realmente significativo.”

Eimy Henríquez González

Madre y pedagoga