Punto 3 Pacto por la Educación en equipo: Fomentaré el diálogo y la implicación de los padres de mis alumnos en el día a día del aula. Comunicar de forma constructiva con ellos, es una tarea importante.

Esta semana y la siguiente Óscar González, abordará el tercer punto del Pacto dirigido a los docentes. En este caso hace referencia a algo de suma importancia:  el diálogo y la comunicación con las familias. Además, hace hincapié en la importancia de la participación de las familias en el  día a día del aula.   

Un estudio realizado por Jordi Garreta (2015) permitió conocer los factores que se consideraban más influyentes en la relación entre la familia y la escuela y que podían favorecer el éxito escolar del alumnado. Se realizó una encuesta a 353 directores y jefes de estudio de centros de enseñanza pública de Cataluña. Los resultados indican que la participación de los padres en el centro, los objetivos compartidos y la comunicación fluida entre las dos instituciones, seguidos por la confianza mutua, son los factores más mencionados.  Hay que destacar la comunicación como uno de los factores más nombrados. Si mejoramos la comunicación mejoraremos la relación entre familia y escuela.

Por este motivo hace ya un tiempo escribí un decálogo (inspirado en un decálogo de Bernabé Tierno y Antonio Escaja) sobre cómo debe ser la comunicación entre familias y docentes. Lo comparto aquí contigo: 

  1. No podemos esperar que todos piensen como nosotros

Padres y docentes hemos de comprender que podemos( y debemos)tener puntos de vista muy diferentes sobre la educación. Tenemos que aceptar, por tanto, la diversidad de opiniones y la existencia de posturas enfrentadas. Es lógico y normal. Esto enriquece la educación y fomenta el debate. No debemos tomarlo como algo negativo sino como una oportunidad para crecer…

  1. La sinceridad es el alma de todo diálogo

En el libro de B. Tierno se destaca esta idea tan importante que resume el tipo comunicación que perseguimos: “ser sincero no consiste en decir todo lo que se piensa sino en no decir nunca lo contrario de lo que pensamos”. Gran verdad que tendríamos que aplicarnos todos, padres y docentes. Es uno de los grandes problemas de la comunicación entre padres y docentes: hacemos un uso de un “doble lenguaje” que nos aleja del principio de sinceridad mutuo.

  1. Dialogar no es hablar sino saber escuchar

Muchas veces vamos a las reuniones con la intención de hablar nosotros y no dejamos hablar al otro, escuchando más bien poco. Es fundamental tener una actitud de escucha activa en nuestras conversaciones si no queremos que sean una auténtica pérdida de tiempo.

  1. No hay peor sordo que el que no quiere oír

Esto sucede porque, tanto padres como docentes, estamos siempre a la defensiva y no nos escuchamos los unos a los otros. Nos cerramos en banda ante ciertas opiniones que muchas veces se nos dan con la mejor intención. Tenemos que aprender a escuchar y aceptar lo que se dice de nosotros. Esto es síntoma de gran madurez y es que, en ocasiones, actuamos peor que los propios niños. No olvidemos nunca que somos modelos educativos de los mismos.

  1. La verdad no es monopolio de nadie

Siempre podemos aprender algo “del otro”. Hemos de evitar actitudes prepotentes de “yo lo sé todo” porque podemos y debemos aprender de los demás. En educación no tenemos que preocuparnos únicamente de los conocimientos y la técnica sino sobre todo apoyarnos en la lógica y el sentido común. Está muy bien conocer teorías pero lo más importante es llevarlas adecuadamente a la práctica. Si no, no sirven para nada.

  1. Todos tenemos derecho a equivocarnos

Y es por este motivo hemos de aprender a reconocer que nos hemos equivocado. Muchas veces por nuestra actitud defensiva no queremos reconocerlo y llevamos el error hasta las últimas consecuencias con tal de no quedar mal ante nadie. Errar es humano y el reconocerlo es una muestra de humanidad y sinceridad. Si nosotros no lo hacemos tampoco podemos exigir al niño que lo haga pues, ¿cómo lo educamos? Como hemos dicho, a través del ejemplo ya que los niños hacen lo que ven.

  1. El diálogo supone una actitud de acogida interior

Esto significa que hemos de aceptar a nuestro interlocutor sin reservas ni condiciones. En muchas ocasiones viejos rencores o malentendidos nos llevan a actuar de determinada forma sin que aceptemos un posible cambio en la persona. Padres y docentes nos podemos equivocar y, de hecho, lo hacemos con frecuencia pero hemos de saber perdonarlo. El perdón es un valor que también se educa y qué mejor forma de hacerlo que con la práctica real del mismo.

  1. Capacidad para saber ceder

Tengamos en cuenta que ceder no es igual a perder sino más bien todo lo contrario. Si lo que queremos es aprender a través del diálogo hemos de aceptar que de vez en cuando tenemos que ceder pues no podemos estar siempre imponiendo nuestra opinión. Esto genera muchas confrontaciones entre padres y docentes porque ni unos ni otros saben en qué momento deben ceder puesto que es más sencillo lo que venimos haciendo hasta hoy: echarnos las culpas los unos a los otros quedando muchísimos problemas por resolver.

  1. No es dialogar invadir con nuestras preguntas intempestivas la intimidad del otro.

En ocasiones padres y profesores nos inmiscuimos demasiado en la vida de nuestro interlocutor y hacemos preguntas que pueden llegar a molestar. Tenemos que aprender a respetar la intimidad del/la que tenemos delante por el bien de nuestras relaciones.

  1. Vivimos esclavos del tiempo. No podemos decirlo todo.

En muchas ocasiones cuando nos reunimos padres y profesores queremos decirlo todo. Vivimos en una sociedad atrapada en la vorágine del tiempo, con una rigidez de horarios excesiva y esto está generando muchos problemas y tensiones. Por este motivo la asistencia a las reuniones es escasa y en la mayoría de ocasiones esta carga recae sobre todo en la figura de la madre.

Óscar González.