Punto 2. Pacto por la Educación en Equipo, Trataré de aprender, tanto de mis alumnos, como de sus familias. Cada clase, cada nuevo curso, es un universo lleno de oportunidades y retos.

Esta semana abordaremos el segundo punto del Pacto dirigido a los docentes. En este caso hace referencia a algo que me parece fundamental: cada nueva clase, cada nuevo curso, es un reto. Y es precisamente así, como debemos ver y valorar todos los docentes la gran responsabilidad que tenemos: la responsabilidad de cambiar vidas. Por eso, y a pesar de las circunstancias, hay algo que jamás debemos perder: la motivación. Esa chispa que todos tenemos desde el primer momento que entramos en contacto con un aula y con niños… esa chispa jamás se puede apagar. Para conseguirlo necesitamos seguir aprendiendo, seguir creciendo por nosotros y por esos alumnos que están esperando que les ofrezcamos nuestra mejor versión. Se lo debemos, nos lo debemos. 

Como afirma Daniel Goleman “cuando los maestros crean un entorno empático y sensible, no solo mejoran las calificaciones de sus discípulos, sino que también estimulan sus ganas de aprender”. Para poder conseguir crear este entorno debemos entender la educación como un proceso que va en dos direcciones porque al mismo tiempo que estamos enseñando y educando a nuestros alumnos, ellos también nos están enseñando y no podemos perder la oportunidad de aprender de ellos. Son ellos los que nos obligan a ser mejores cada día y dar lo mejor de nosotros mismos. Carlos Goñi y Pilar Güembe dicen que “Cada hijo nos trae el mismo mensaje: a partir de ahora todo va a ser al revés: aprende el que enseña, recibe el que da, queda lleno el que se vacía”. Yo lo aplico al profesorado: “Cada alumno nos trae el mismo mensaje: a partir de ahora todo va a ser al revés: aprende el que enseña, recibe el que da, queda lleno el que se vacía”. Para poder hacerlo debemos dejar a un lado nuestro ego, aquel que nos dice: “¿A mi qué me van a enseñar? Son ellos los que tienen que aprender de mi”. Aléjate de esta actitud y muéstrate abierto para aprender de tus alumnos, con humildad. 

Y te preguntarás, ¿qué nos enseñan estos “pequeños maestros”? Pues muchísimas cosas:

  • Alegría.
  • Ilusión.
  • Ganas de descubrir el mundo.
  • Perdón.

Podría seguir la lista pero quiero ilustrar esto que te cuento con una breve historia sacada del libro “Aplícate el cuento” de Jaume Soler y M. Mercé Conangla:

Estamos en un parque. En un banco hay dos mujeres observando a los niños mientras juegan y hablan tranquilos, aparentemente, alegres. De repente, oyen que uno dice a otro:

– ¡Te odio no quiero volver a jugar nunca más contigo!

Durante dos o tres minutos, cada uno de los niños juega por su cuenta, prescindiendo del compañero, sin hablarse.

Al poco tiempo, las mujeres observan cómo los dos niños ya vuelven a jugar juntos. Una de las mujeres comenta: 

– ¿Cómo pueden hacer esto los niños? Pasan de estar furiosos y pelearse, a volver a jugar como si no hubiera ocurrido nada.

– Es fácil- comenta la otra mujer-. Prefieren la felicidad y la alegría de compartir, a la intransigencia y la soledad. 

¿Qué te parece? Fantástica lección la de estos dos niños. Si la pusiéramos en práctica los adultos, cuánto cambiarían las cosas. Cómo cambiaría el mundo… Y esto es lo realmente importante de la vida. Estas pequeñas cosas son en sí, las más valiosas e importantes y las que son capaces de producir grandes cambios. En definitiva, estamos EDUCANDO PARA LA VIDA. No desaprovechemos la oportunidad.

Del mismo modo, dejemos al lado nuestro ego y aprendamos también de las familias, de las madres y los padres de nuestros alumnos que tiene muchísimo que decir y muchísimo que aportar. De esta manera percibirán que forman parte de este proyecto común: educar a nuestros hijos y alumnos en equipo. No olvidemos que ellos esperan de nosotros muchísimas cosas: pasión, autenticidad, coherencia, etc. Pero sobre todo que mantengamos intacta la curiosidad y ganas de aprender. ¿Cómo puedes conseguir esto? Jamás dejes de hacerte preguntas y no pienses que lo sabes todo. Es la clave para mejorar y crecer. Solamente de este modo llegaremos a transmitir la pasión por aprender y el espíritu de superación a través del esfuerzo. Ahí está la clave del cambio educativo y empieza por uno mismo…

Óscar González