Había oído hablar desde hace tiempo del Centro Educativo Manuel Núñez de Arenas. Contaban en el barrio, que había conseguido renacer de las cenizas, como el Ave Fénix.

El pasado día 26 de Mayo, tuvimos la gran suerte de ser invitados a conocerlo. Situado en El Pozo, en el distrito de Puente de Vallecas, el centro presenta una imagen cuidada y alegre, unos árboles decorados con pintura de colores, se pueden ver desde afuera, es lo que se denomina como Z_Oma.

Una de sus profesoras, Isabel, me propuso ir a conocerla, y sin dudarlo me acerqué hasta allí, porque quería obtener una visión objetiva de su proyecto. Es un centro que estaba a punto de cerrar sus puertas, porque ninguna familia solicitaba plaza allí para sus hijos, y sin embargo, había conseguido en dos años llenar sus aulas.

Nada más llegar al centro, pregunto por Isabel al conserje, y sorprendentemente me acompaña a la clase. Allí, pude compartir con ella y con sus alumnos la cotidianidad de una mañana de clase, y también observar el desarrollo de las actividades como una más.

A simple vista, comprobé que del techo de la clase, colgaban peces de plástico, además, había hojas de papel que tenían formas onduladas de color azul. Una clase, que nada tenía que ver con lo que había visto hasta el momento.

Cuando le pregunté a Isabel, al respecto de la decoración, me explicó detalladamente, que en la asignatura de lengua, los niños y niñas, habían decidido convertir el aula en un océano. De la misma forma que habían decidido convertir el aula de ciencias en una selva. Pude comprobarlo al momento, al entrar en ella y me encontré con árboles y plantas, las lianas colgaban del techo, simulando encontrarte en el Amazonas.

Me llamó la atención, que a mi llegada a clase, ninguno de los niños se inmutó. Hasta el momento, siempre que mi presencia había interrumpido una clase, todos los niños y niñas se asombraban y revolucionaban, teniendo que poner el orden el docente.

Pero en este centro no ocurrió nada de eso. Me miraron, eso sí, pero sin sorpresa alguna. “Están muy acostumbrados a las visitas”, me contaba Isabel. “Tenemos un proyecto por las mañanas, en el que vienen las familias. El objetivo de ese proyecto es fomentar la afición a la lectura, en este proyecto la participación de las familias es fundamental”.

Otra de las actividades a destacar, fue la recreación de una mina en el pasillo de primaria. De allí, se habían conseguido minerales, habían conseguido piedras preciosas, y habían investigado sobre sus propiedades y formas de obtención.

Estos alumnos, no hacen uso de libros de texto, me comenta la tutora, el aprendizaje se hace a través de proyectos. Saben los objetivos que tienen que cumplir desde el principio de curso, pero la forma de enseñarles es diferente. Se consigue su aprendizaje de forma transversal mientras también adquieren otros muchos contenidos, como puede ser la vida marina, el ecosistema, el trabajo en la mina….

Isabel y yo hablamos sobre la relación familia y escuela, de la importancia de su participación en el centro. El Pacto por la educación en equipo es una iniciativa que les encajaba perfectamente en su centro. Ellos habían conseguido introducir a la familia dentro del mismo, y además aumentando su participación activa. De hecho, la Asociación de Madres y Padres, se denomina AFA, (no AMPA), pues es Asociación de Familias, dada la gran diversidad de tipologías de familias existentes.

Nos despedimos con un hasta pronto, ya que quedamos, en qué de cara al nuevo curso escolar, el Pacto por la Educación en equipo sería uno de los proyectos que valorarían, pues la relación entre familia y escuela es uno de los puntos fuertes que tienen que seguir explotando para continuar manteniendo y superando el éxito educativo que hasta ahora han conseguido.

Es inevitable salir de allí con una sonrisa en los labios, y yo me dije a mi misma, ¡hasta siempre Núñez!